Hamaca con ganchos — la esquina de la ventana, ocupada
Desde 18,90 €
El gato trepa, araña y se esconde. Su salón no tiene por qué sufrirlo.
Un gato pasa una parte considerable del día observando. No durmiendo: vigilando, desde un punto alto, lo que se mueve fuera. Es una necesidad de especie, no un capricho, y una ventana sin sitio donde sentarse lo deja insatisfecho.
El alféizar casi nunca basta. Es demasiado estrecho para que un gato se tumbe entero, suele estar ocupado y se calienta en verano. Una hamaca con ventosas resuelve las tres cosas a la vez: se fija al propio cristal, mide de cuarenta a cincuenta centímetros de ancho y deja pasar el aire por debajo.