El gato trepa, araña y se esconde. Su salón no tiene por qué sufrirlo.
Hamacas y perchas de ventana para gatos
Un gato pasa una parte considerable del día observando. No durmiendo: vigilando, desde un punto alto, lo que se mueve fuera. Es una necesidad de especie, no un capricho, y una ventana sin sitio donde sentarse lo deja insatisfecho.
El alféizar casi nunca basta. Es demasiado estrecho para que un gato se tumbe entero, suele estar ocupado y se calienta en verano. Una hamaca con ventosas resuelve las tres cosas a la vez: se fija al propio cristal, mide de cuarenta a cincuenta centímetros de ancho y deja pasar el aire por debajo.
Dos puntos deciden que aguante. La limpieza del cristal al colocarla — una ventosa sobre un cristal graso se suelta por la noche, con el gato encima. Y la altura: un gato no usa una cama a ras de suelo, quiere dominar. Ochenta centímetros como mínimo.
Existe una alternativa para los dobles acristalamientos tratados, donde las ventosas agarran mal: un estante de pared fijado justo bajo la ventana. Menos elegante, pero no se cae.
Ver también nuestras secciones **Salvar el sofá** y **Un rincón para él solo**.



