Le Placard Qui Ferme

No se ordena por ordenar. Se ordena para que la puerta cierre.

Orden en la cocina: tarros y estantes

Una cocina ordenada no es una cocina vacía. Es una cocina donde la mano encuentra sin buscar, y eso se reduce a una sola distinción: lo que se usa a diario y lo que se abre una vez al mes.

Lo que sirve cada día debe estar al alcance de la placa: aceite, sal, pimienta, la salsa del momento. Cuatro objetos que, dejados en la encimera, se mueven veinte veces al día y acaban saturándola. Un estante de pared de dos niveles los saca de la encimera sin alejarlos de la mano.

Una sola advertencia, y cuenta: no se colocan las especias ENCIMA de la placa. El calor y el vapor suben y las especias se apelmazan en pocas semanas. Al lado, sí; encima, nunca.

Lo que se abre rara vez puede subir. Y lo que queda abierto se echa a perder: un paquete cerrado con una pinza es un paquete abierto. El café pierde aroma en una semana, la harina coge humedad. Un tarro hermético opaco resuelve ambas cosas, porque la luz estropea tanto como el aire.

Último punto: una junta de silicona no admite un ciclo caliente de lavavajillas. Se endurece, y un tarro que ya no cierra deja de ser un tarro.

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